Visitar un santuario

Entrar en un santuario japonés puede ser una experiencia desconcertante. Para sacar el mayor provecho de la visita, se recomienda seguir los siguientes consejos y hacer lo que hagan los japoneses.

Nada más cruzar la torii (entrada), se verá un chozuya (abrevadero) con unos cucharones de largos mangos colgados encima en hilera; sirven para purificarse antes de entrar en el sagrado recinto. Algunos japoneses se saltan este ritual y se dirigen derechos al vestíbulo principal. Si uno quiere purificarse, debe coger un cucharón, llenarlo con agua fresca del grifo, verter un poco de agua en una mano, cambiar el cucharón de mano y rociar con agua la primera. Luego deberá tomar agua con las dos manos, enjuagarse la boca con ella y escupirla en el suelo junto al abrevadero - y no en el abrevadero-.

El paso siguiente es ir al haiden (vestíbulo de oración), que se halla frente al honden (vestíbulo principal) que aloja al kami (dios del santuario). Allí, una gruesa cuerda cuelga de un gong con una caja de ofrendas enfrente. Hay que echar una moneda en la caja, tocar el gong tirando de la cuerda para convocar al dios, rezar, dar dos palmadas ,hacer una reverencia y abandonar el santuario.

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El pachinko

Junto al sumo, el deporte nacional de Japón es el pachinko. A medio camino entre una máquina tragaperras y un pinball, el juego consiste en que el jugador inserta unas bolitas de acero (que previamente ha comprado) en la máquina. En el centro del aparato hay una especie de regulador que, al tirar las bolitas, gira haciendo que éstas salgan lanzadas hacia abajo, donde la mayoría cae al fondo de la máquina sin proporcionar premio, y muy pocas realmente caen en unas pequeñas puertas que bonifican ganando más bolas. Al final, éstas pueden canjarse por regalos o por dinero. Las salas de pachinko se reconocen por su sobredecoración, su excesivo olor a tabaco y el ruido emitido por las máquinas. Es un juego de gran tradición en Japón, se cree que fue inventado durante la Segunda Guerra Mundial en la ciudad de Nagoya y actualmente está regulado como el resto de juegos de casino.

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Sumo

 Entre los deportes nacidos en suelo japonés, ninguno representa el sentimiento nacional mejor que el Sumo, una forma de lucha que originalmente se practicaba durante los festivales y los días de fiesta en los santuarios Shinto. Dentro de un espacio circular cubierto de tierra y cuidadosamente delimitado, dos hombres, casi siempre enormes, se oponen. Una competición de Sumo se gana cuando uno de los luchadores obliga al oponente a que ponga el hombro en el suelo o consigue echarlo fuera del círculo. El Sumo se rige por reglas complejas y por una completa gramática de presas, empujones y estrategias, siendo para sus aficionados un tema que les encanta debatir.

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Los torneos de sumo -líderes en los índices de audiencia de televisión- se celebran en enero, mayo y septiembre en el estadio Ryogoku Kokugikan de Tokio, inconfundible con su tejado verde. El abanico de precios de las entradas es muy amplio y varía en función de la localidad (desde 6 a 300 euros). El estadio está en la estación Ryogoku de la línea JR Sobu.

Turismo con seguridad garantizada

Japón es un país bien conocido por la seguridad que reina en las calles de sus ciudades, pero para darse cuenta de hasta qué punto el riesgo allí no existe, hay que aventurarse dentro del propio país. Las mujeres pueden pasear solas de calle en calle casi por todas partes, a todas las horas del día y de la noche. No es extraño ver a niños viajar solos en el metro, ¡y dormirse en los trenes es casi un deporte nacional! Una chaqueta o un bolso que se quede en la mesa de un bar o de un restaurante a la espera de su dueño no preocupa ni tienta a nadie. Todo el mundo tiene una historia que contar sobre la cartera que perdió y se la trajo la policía, o la volvió a encontrar unos días más tarde, en el mismo lugar y sin que nada faltara. Por supuesto, esto no quiere decir que puedan ustedes olvidarse de las normas elementales de seguridad. El sentido común se aplica en Japón como en todos los demás sitios. Cuiden de sus objetos personales y estén atentos a lo que ocurre a su alrededor. ¡Pero sin agobiarse, y viajen absolutamente seguros!

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La comida japonesa

La cocina japonesa, que antaño se reducía en Occidente al sukiyaki o a los más exóticos sushi, estos últimos años se ha hecho mucho más familiar y apreciada por los extranjeros. No son pocos los viajeros que al llegar a Japón ya tienen la experiencia de los placeres del pescado crudo o de los buñuelos de gambas. Pero, pocos de ellos cuando descubren el país se esperan a la variedad y suntuosidad de los manjares preparados de manera tradicional. 

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He aquí algunos de los platos que encontrarán en Japón:

- El Sukiyaki se prepara directamente en la mesa dejando rehogar la ternera cortada en finas lonchas con verduras, tofu y fideos.
- La Tempura consiste en ingredientes fritos en aceite vegetal, gambas, pescados o verduras, después de haberlos rebozado en una mezcla de huevos, agua y harina de trigo.
- Los Sushi son pequeñas lonchas de pescado o de marisco crudo, cubriendo una bolita de arroz avinagrada. Los ingredientes más corrientes son el atún, la gamba o el calamar. De la misma manera se sirven también pepinos, rábanos marinados y tortillas ligeramente azucaradas.
- Las Sashimi son lonchas de pescado crudo que se comen con salsa de soja.
- La Kaiseki Ryori está considerada en Japón como el más delicado de los refinamientos culinarios. Los platos se componen principalmente de verduras y pescado acompañados con algas y champiñones, variando según la estación del año, y tienen un sabor particularmente sutil.
- Las Yakitori son pinchitos de trocitos de de pollo, hígado y verduras al grill de carbón incandescente.

Los taxis japoneses

Para los turistas que no hablan japonés, la forma más cómoda de trasladarse es utilizar un taxi, que les llevará a su lugar de destino presentándoles simplemente una dirección escrita en japonés o tarjetas de visita profesionales. Si el indicador luminoso rojo situado en la esquina inferior izquierda del parabrisas está encendido, ello indica que el taxi está libre y se le puede llamar. Estén particularmente atentos cuando se acerquen a la puerta trasera de un taxi: su apertura y cierre son automáticos y es el propio conductor quien los activa. También hay que tener en cuenta que no hay uniformidad en el color de los taxis:

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Las propinas

En Japón no se suele dar una propina ya que un porcentaje del 10 al 15% en concepto de servicio es automáticamente añadido en la cuenta de los principales hoteles y ryokan, así como en los restaurantes de lujo.
Ninguna propina es necesaria a menos que se soliciten servicios especiales adicionales.

La electricidad en Japón

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La corriente eléctrica en todo Japón es de 100 voltios en corriente alternativa, pero existen dos frecuencias posibles, 50 hertzios en el Este de Japón, y 60 en el Oeste. Los hoteles más grandes de Tokio y de las grandes ciudades tienen tomas planas de 110 y 220 voltios, pero éstas no suelen admitir más que los enchufes de dos clavijas. Los principales hoteles ponen a su disposición secadores de pelo y otros aparatos eléctricos de conformidad con las normas del país.

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La obra artística de Kumiko

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Kumiko Fujimura nació en Osaka (Japón) en 1958. Se graduó en Kyoto en Bellas Artes y en 1990 fue a Madrid a ampliar sus estudios en la Universidad Complutense. Allí se casó con un español al que destinaron por motivos de trabajo a Zaragoza  y se quedaron a vivir en la capital aragonesa.

Kumiko es artista. Su obra en acrílicos y sumie (pintura en tinta china sobre papel de arroz) refleja la sensibilidad japonesa. Ella es una persona alegre y cordial que, con esfuerzo y dedicación, se ha ido haciendo un hueco en el panorama cultural y social aragonés.

Para conocer su obra podéis visitar su página web personal: http://www.personal.auna.com/frpompa/

Hace un tiempo entrevistaron a Kumiko y a Javier del Val, que también viajará a Japón con nosotros este año, en la televisión aragonesa; si queréis verlos en acción:  http://www.youtube.com/watch?v=GspTW9vnnO8

Geishas y maikos

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Las geishas son una seña cultural de la tradición japonesa, pero los tiempos modernos están acabando con este oficio ancestral. Este declive es debido al cambio de sensibilidad social respecto a una carrera que comporta largos y duros años de aprendizaje desde la adolescencia, y que incluye danza, canto, y dominio de la ceremonia del té, del maquillaje y del vestido del quimono tradicional, que puede pesar más de diez quilos.

Una sesión  con una geisha puede costar más de 3.000 euros y, al contrario de los que se puede pensar, no incluye relaciones sexuales. El alto precio motiva que muchos japoneses nunca hayan podido disfrutar de una velada con una geisha, que canta, sirve el té y es capaz de fomentar cualquier conversación. La disciplina que requiere la formación ha provocado una crisis de vocaciones y muchas maiko, las aprendices, abandonan a mitad de camino. Se calcula que no quedan más de 1.500 geishas, cuando antes de la Segunda Guerra Mundial se cree que había 150.000.

El maquillaje blanco en rostro y cuello es lo que distingue a las geishas que se pueden ver por Kioto de las otras mujeres que, por razones diversas, se visten esporádicamente con quimono. Kioto es la ciudad de las geishas por excelencia, y el barrio de Gion es el lugar donde es más fácil vislumbrarlas cuando se dirigen a los locales de trabajo tapándose muchas veces con sombrillas. Décadas atrás era casi imposible que un occidental pudiese llegar a estar presente en la actuación de una maiko, pero actualmente hay algunos establecimientos como el Gion Corner que ofrecen una muestra del arte y de la cultura japonesa en espectáculos adaptados para turistas.