Tokio es una de las ciudades más luminosas del mundo, pero este verano los carteles de neón han estado apagados. Tampoco funcionaban muchas máquinas expendedoras, ascensores, escaleras mecánicas de las estaciones de tren y metro… Así estaba mi ciudad por la obligación impuesta a las grandes empresas para que ahorrasen un 15% de energía eléctrica, una medida ya adoptada en los años setenta durante la crisis del petróleo que esta vez buscaba compensar la falta de suministro causado por el accidente de la central nuclear de Fukushima. Pasados los meses de más calor, la obligación fue levantada el pasado viernes 9 de septiembre y, según el Instituto de Economía de la Energía de Japón (IEE), se ha logrado reducir un 19% la demanda eléctrica en julio y agosto respecto al año anterior. Se ha superado el objetivo y hemos aprendido algunas lecciones, como la utilidad de la planta del melón amargo (goya, en japonés), un vegetal con aspecto de pepino.
En verano hace mucho calor en Tokio, un calor sofocante y muy húmedo. Y este año ha sido el cuarto verano más caluroso desde 1898, según la Agencia de Meteorología. Para ahorrar electricidad también se apagaron los aparatos de aire acondicionado o se subió su temperatura, aunque han proliferado otras formas ingeniosas de reducir el calor sin necesidad de energía. Una de las más llamativas ha sido poner “cortinas verdes” en los edificios: se trata de plantar vegetales delante de las fachadas para crear una cortina de hojas que mejore la climatización de forma natural. Se puede ver una imagen aquí. La planta del melón amargo (Momordica charantia) es de las más utilizadas y dicen que la temperatura baja 2 o 3 grados. Esta especie de pepino empleada sobre todo en la cocina popular de Okinawa crece muy rápido y tiene las hojas muy grandes. Refrescas los edificios sin electricidad y ya de paso puedes comerte alguno de estos “pepinos”.
En general, el aire acondicionado estaba puesto a 28ºC en los trenes, en las tiendas, en los grandes almacenes, en las oficinas, en las fábricas… Al principio me parecía que hacía demasiado calor en los trenes y en la oficina donde trabajo, pero me fui acostumbrando. Para mí, ha sido incluso mejor que otros años, pues no aguanto cuando entras en sitios en los que parece que estuvieras en una nevera. Tampoco creo que los japoneses seamos más sacrificados que los españoles(1). Con 28 grados es suficiente, pues se quita la humedad, que es lo peor.
Tepco (Tokyo Electric Power Company) y otras empresas eléctricas anunciaban cada jornada el “pronóstico del suministro de energía” del día siguiente. “Mañana el consumo máximo llegará 40.200.000 kW a las 14.00 horas, mientras que la capacidad máxima de suministro será 50.800.000 kW. El porcentaje de consumo será 79%”. Uno podía leer esta información por la ciudad en pantallas colocadas en estaciones de trenes y metro. De esta forma, todo el mundo sabía cuándo el consumo se acercaba más a la capacidad máxima de producción eléctrica.
En casa, yo he cambiado las bombillas de la sala de estar por LED y he mantenido apagadas las luces de las habitaciones todo lo posible. También he desconectado el microondas, los ordenadores, el equipo de música y otros electrodomésticos que no usaba. No sólo los apagaba, sino que los desenchufaba para evitar que consumieran lo más mínimo. Uno se acostumbra rápido. Aunque, todo esto no lo he hecho tanto por la obligación de disminuir el consumo, como por lo que se ahorra el bolsillo. En realidad, si se quisiera se podría reducir mucho más el gasto de energía, pues no preocupa el consumo global, sino disminuir los picos de mayor demanda.
Antes del terremoto, del tsunami y del accidente nuclear, Tepco había llegado a alcanzar en 2010 una producción máxima de 59.990 MW de electricidad, según el Instituto para Políticas de Energía Sostenible (ISEP). Esto es para el área que abastece esta compañía, Tokio y ocho prefecturas que forman la Zona Metropolitana, con cerca de 42 millones de habitantes(2). Pero solo en el momento de mayor consumo: la mayor parte del tiempo no hace falta tanta capacidad de producción. En todo el año pasado, sólo se superaron los 59.990 MW de producción durante cinco horas y los 55.000 MW durante 165 horas. Se podría reducir mucho más del 15%, pero sólo se pretende bajar el pico de demanda, que suele producirse generalmente alrededor de las 14:00 horas, cuando más sube la temperatura en verano. Por cierto que, de los 54 reactores nucleares de Japón, ahora mismo solo hay 11 en funcionamiento.
Desde el Gobierno central y los ayuntamientos se ha insistido mucho en disminuir el consumo de electricidad. Ha habido muchas escuelas, oficinas y centros públicos que han levantado en sus edificios “cortinas verdes”. Todo el mundo hablaba en verano del ahorro de energía y creo que lo seguirá haciendo también después de este periodo de obligación. Quizá el mercado de productos más eficientes, como las bombillas LED, empiece a crecer de forma radical a partir de este año.
Ha habido algunas iniciativas curiosas, como un juego en Internet denominado Denkimeter. Había que fotografiar el contador de la luz de casa y subirlo a Twitter (#denkimeter) en una competición en la que ganaba quien menos gastaba. En realidad, no ha sido tan duro como puede parecer. En casa hacía calor, pero en verano es siempre así en Japón. Los primeros días, sentía que las calles de Tokio habían perdido su luminosidad, pero me he dado cuenta de que lo que ocurría era que había demasiados neones encendidos. Derrochamos mucha energía.
Takeshi Taniguchi es un periodista japonés que escribe en
Weekly Economist una revista económica del diario
Mainichi.
(1) El IDAE considera que en España es suficiente con mantener el aire acondicionado a 26ºC, pero resulta habitual encontrar espacios muy por debajo de esa temperatura.
(2) Según REE, en España el récord de demanda instantánea de energía eléctrica peninsular está en 45.450 megavatios (MW) y se alcanzó el 17 de diciembre de 2007. El máximo histórico de verano es de 41.318 MW y se alcanzó el 19 de julio de 2010.